por Nora A. Torreira
Dolor. Un día de dolor fecundo.
Un día de reflexión del momento histórico del cual los sudamericanos somos
protagonistas.
Cuando Chávez apareció, el pueblo
estaba sumergido en el dolor, pero un dolor
distinto, un dolor desesperanzador. No se veía ninguna solución al final
del largo camino del neoliberalismo.
Parecía que nada ni nadie podría
nunca revertir aquella situación. El pueblo sumido en una profunda miseria no
creía la posibilidad de liberación.
Y un militar desconocido, de un
pequeño país perdido en la América profunda, comenzaba un largo viaje, un viaje
que de apoco fue creciendo en cantidad y profundidad.
La locomotora Chávez, por su
fuerza, por su ímpetu, sus ganas,
comenzó un solitario viaje en su Venezuela natal, de dar la voz a los
sin voz, de devolver la dignidad inherente a todo ser humano, a aquellos
venezolanos que por eternos años no habían tenido la oportunidad de gozarla.
Pero no se quedo solo con eso; y los derechos de educación, salud, vivienda y libertad
no solo fueron su bandera para Venezuela
sino para la Patria Grande, la América Latina sangrante, que desde el principio de la historia había
conocido la iniquidad y la injusticia.
Y comenzó su viaje. Un viaje por
esa América por la que luchó. Y comenzó a Unirse a otros líderes que, esas
patrias sojuzgadas entregaron para bien de sus pueblos, y vinieron los Lulas, los
Evos, Los Kirchner, los Correas, los Mujicas, y hubo luego otros que aunque con
desconfianza, comenzaron tímidamente a acercarse, porque resurgió el proyecto
fundador de una Patria Grande que no borra las individualidades de sus pueblos,
sino que se nutre y fortifica de sus distintas tradiciones, de sus
características propias y sus singularidades que remiten a un comienzo común, a
una historia de la cual fueron participes y protagonistas.
Y como hace doscientos años,
volvieron a unirse los anhelos de libertad e independencia.
Somos los protagonistas de este
momento histórico. No como meros espectadores de la historia de otros sino como
participes necesarios de la revolución. Una revolución que pugne por la
igualdad de oportunidades, igualdad de derechos, igualdad de dignidad para
todos los hombres del mundo que quieran habitar nuestro suelo.
Comandante, estamos tristes, pero
movilizados, para seguir este camino. NO ESTAMOS SOLOS. El legado de aquellos
que siguieron con este anhelo de libertad nos acompaña y guía.
Su profunda fe en el hombre y su
esperanza guiarán nuestro trabajo.
La alegría del encuentro en
ideales comunes y la férrea determinación nos hermanan en una lucha desigual
pero decidida.
Comandante su lucha no ha sido en
vano. Ud. y los líderes de esta nueva Independencia nos demostraron que debemos
ser los protagonistas del destino colectivo. No lo defraudaremos
Sabemos que Junto a Néstor estará
presente en cada fiesta popular. Porque ya no son ustedes, son el mismo pueblo
que demanda.
Comandante. Estamos tristes.
Comandante. Estamos determinados
a seguir.
Hoy más que nunca, pa’ lante
Comandante.
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