Por Juan Jose Martinez
Segunda parte
Parece mentira que hayan transcurrido poco más de tres años de aquel suceso. A partir de aquel momento, comenzó una presión insostenible por parte de La Nación, Clarín, Perfil, y sus empresas. Claramente, en este manejo, se evidenció la concentración de medios que existía. Y así, cual general con sus tropas, Magnetto les daba letra, pantalla y centimetraje de prensa a los dirigentes de las patronales rurales, a los políticos de la oposición, no solo para que expresaran su sentir y pensar. Y he aquí el meollo de la cuestión. Fueron claras operaciones de acción psicológica sobre el pueblo, a fin de crear un determinado estado de ánimo hacia el gobierno. Y la primera víctima, fue la verdad. La forma en que deslizaron mentiras en operaciones terribles, efectuadas mediante la tapa de la revista Noticias, los titulares de Clarín, y los editoriales de La Nación, fue tremenda. Ni hablar de la forma de tratar las noticias por parte de TN y el noticiero de Canal 13. Mientras tanto, con toda esa polenta que caracteriza a quienes saben que tienen la fuerza de sus convicciones, el proyecto nacional y popular siguió adelante. Y a la agenda que intentaban marcarle los medios, tratando de ponerlo a la defensiva, el gobierno de Cristina y Néstor impuso la agenda política. Así, cuestiones como el matrimonio igualitario, la asignación universal por hijo, y la mismísima ley de medios, pasaron a ser logros incontrastables del gobierno de Cristina Kirchner. Vinieron las elecciones del 2009, y la derrota de Néstor Kirchner, por menos de dos puntos con Francisco De Narváez en la provincia de Buenos Aires, que le otorgaba mayoría parlamentaria a la oposición, parecían preanunciar un panorama sombrío para el proyecto nacional y popular. Nunca me voy a olvidar al colombiano diciendo “les rompimos el culo”, cuando supuestamente nosotros éramos los del destrato y la crispación. Habría que ver que dice un proctólogo a la fecha si revisa el trasero de Francisco y Ricardito. Allí se formó lo que la misma oposición llamó el “Grupo A”. Pero su incapacidad, su falta de homogeneidad, y especialmente, sus solos objetivos de destrucción y no de construcción, lo sumieron en la inoperancia. Más adelante habré de ampliar mis conceptos en cuanto a la falta de proyectos de la oposición. Solo adelantaré que creo que el verdadero comandante del grupo (Magnetto) se dejó llevar por su afán de destrucción, queriendo voltear a los Kirchner, enceguecido con este único objetivo, como el poderoso que ve cuestionar su autoridad, y jamás supieron, ni él, ni sus generales ni sus coroneles, ni sus políticos, generar una respuesta, desde el punto de vista político. Los festejos del Bicentenario, hicieron subir a la superficie, el verdadero sentimiento del pueblo, y no esa realidad virtual que planteaban los medios. Los políticos opositores, profetas del odio, no tenían como explicar el fenómeno del pueblo feliz en las calles. Vino operación tras operación, y mientras tanto, el gobierno hacía obra tras obra, continuaba con su política de derechos humanos, blindaba la economía de los factores de riesgo del exterior y expandía derecho tras derecho para los marginados de la sociedad. Mientras todo esto ocurría, se produjo la muerte de Raúl Alfonsín, y de golpe, la gente se dio cuenta que tenía un hijo que se llamaba Ricardo, el cual se le parecía, y en ese momento, en su discurso reflejaba una visión de la política similar a la de su padre. Creo que nunca una figura política creció tanto en este país impulsada por la muerte de un familiar, y a su vez, parecía vislumbrarse un emergente de la oposición más sano y constructivo. Por otra parte, Cristina luego de los festejos del Bicentenario, comenzaba a levantar en las encuestas, y también empezaba a disminuir su imagen negativa. Todo ello, pese al grupo A. Hasta que se produjo la muerte de Néstor Kirchner. Y allí se produjo una gran paradoja. Tanto los medios de difusión, (porque no era políticamente correcto) como sus soldados los políticos, se vieron obligados a ser hipócritas, variando su discurso, respecto de Néstor, para no ser vistos como chacales. Nunca me voy a olvidar que mi suegra me trajo un suplemento de Clarín que hablaba sobre la trayectoria de Néstor, y que además hablaba bien sobre él. Por un lado agradecí su gesto, pero por el otro, me generó indignación, porque en la desgracia, buscaban vender más ejemplares. Esta gente, Magnetto, Mitre y Fontevecchia, lucran con todo, no importa si son buenas noticias o desgracias, nada les importa mientras den dinero y les dé poder. Tampoco les importa, mientras ganen dinero y tengan poder, la suerte del pueblo Argentino. La explosión de gente en el velatorio de Néstor, estoy seguro que hizo meditar a muchos, y reconsiderar su situación. Y acá deseo señalar mi total rechazo a algo que se está tratando de imponer en estos días. Se señala como uno de los factores del triunfo de Cristina, su viudez, y que Néstor Kirchner haya dejado de estar a su lado. Cristina ganó porque ella y Néstor, fueron y son las cabezas de un proyecto coherente y sostenible para este país. Cuando fallece una persona, generalmente uno frente a la pérdida, empieza a recordar y balancear, aquellas cosas buenas y malas que tenía. Y en las sumas y restas del pueblo, ha ganado ampliamente Néstor. Por otro lado, ese 2010 había comenzado con el presidente del Banco Central, Hernán Pérez, perdón, Hernán Martin Pérez Redrado, transformándose en el defensor de las Reservas, que terminó yéndose del Banco Central sembrando los peores augurios por haberse utilizado las reservas para desendeudarnos y ganar autonomía en el frente económico. Hasta escribió un libro llamado “Sin Reservas”. Buscó una manera de alejarse del gobierno, con perfil alto, y menoscabando la autoridad presidencial, para buscar abrigo opositor. De todo se vuelve, menos del ridículo. Luego, comenzaron operación tras operación, iniciadas por los medios, y teatralizadas por los dirigentes de la oposición, tratando de desgastar el gobierno de Cristina. El caso Schoklender fue una de las operaciones más emblemáticas. Hay que destacar, como fue que comenzaron a detectarse las irregularidades cometidas por los hermanos parricidas. Todo fue a partir de cheques presentados en cuevas de la city por ellos. Cheques que debían ir a las arcas de las Madres. Las obras estaban hechas, los municipios y el Ministerio de Planificación Federal controlaban su realización, pagaban lo que correspondía, por la obra, a valores normales, y conforme fuera cotizada la obra, y el cheque se le entregaba a Schoklender, para que fuera a Madres. No se estafaba al Gobierno Nacional, el gobierno nacional no pagaba un dinero indebidamente ni tampoco los municipios, porque las obras estaban hechas. El verdadero problema es que los cheques no llegaban a la fundación de las Madres de Plaza de Mayo. Sin embargo, las menciones a De Vido, a los Municipios, a todos los que antevenían en las obras, en Clarín y La Nación, desparramando mierda para todos lados, fue atroz. Se quiso atacar a las organizaciones de derechos humanos, cuando en realidad, Hebe, pensando en que podía recuperar a unos individuos que podrían ser sus hijos, inocentemente les dio entrada en su organización. Esta operación fue después utilizada por Macri y Duran Barba, tratando de pegarla a Filmus en la Capital Federal. Y mientras los medios de difusión, hacían el trabajo sucio, por otro lado, Macri pegaba afichitos de colores, bailaba entre globos y decía que estaba todo bien, mientras seguía procesado en la causa por escuchas telefónicas. Así se mantuvo como Jefe de Gobierno en la Capital Federal, apoyado por Clarín, el cual no resulta solo su aliado político, sino además, también comparte negocios. El que diga que los medios de difusión y lo que muestran, no influyen en el pueblo, miente. Si no, díganle a las empresas que dejen de pagar publicidad en los medios ¿Para que pagan publicidad si no influye en los consumidores? Los empresarios, tontos no son, y no van a dejar de hacer publicidad. Y frente al poder de los medios, hay que imponer el boca a boca, la militancia, el cuerpo a cuerpo. El objetivo de la última operación, fue tratar de mellar otro de los logros de esta gestión: Una Corte Suprema de Justicia creíble, dotada de juristas capaces y probos. Y hacia allí fueron, tratando, como es su costumbre, de pegar y desgastar. Atacaron al Ministro de la Corte, con mayor capacidad intelectual y probidad, y a su vez, más bohemio y despegado de las cosas materiales: Raúl Eugenio Zaffaroni. En primer lugar, justo bien cerca de las elecciones, Perfil reflota una denuncia que había sido efectuada en la justicia, en el año 2009, y a partir de allí, operan siempre. Hacen rebotar la noticia en Clarín y La Nación. No hay ningún delito cometido por Zaffaroni, ya que la que subalquilo los departamentos (ni siquiera fue el apoderado de Zaffaroni el que alquiló los departamentos, fue una inmobiliaria que sospechosamente, levantó vuelo, abandonando su oficina, 15 días antes de que Perfil comenzara con su campaña). No hay trata, ni ningún otro delito. Sin embargo, el ataque fue atroz. Y fue tan evidente de que se trataba de una operación mediática, que todo resultó en un gran paso en falso, quedando las corporaciones mediáticas expuestas. Después dicen que no trabajan de conjunto los políticos y los medios. Bastaba verlo a Ricardito, diciendo que Zaffaroni ya había renunciado, o pedir la renuncia de Zaffaroni. El pueblo se cansó de los profetas del odio, y les dio un duro cachetazo tanto a los políticos opositores, como a los medios que procuraron generarle las condiciones a los políticos opositores, y a las corporaciones que complotaron con ellos, que pusieron sus candidatos a diputados en las listas de los políticos. El verdadero problema, es que a todos estos grupos de presión, no les interesa la democracia, ni el pluralismo, solo les interesa la democracia que ellos puedan condicionar y obtener beneficios económicos. Y si no, de acuerdo a su pensamiento, que venga otra cosa. Hoy día, los medios de difusión, están tratando de instalar la idea, de que los políticos de la oposición han fracasado por su egoísmo, mezquindad y mediocridad. Ellos se colocan en un papel de espectador, criticándolos. Me recuerda el estilo de esos Oficiales que en la guerra de las Malvinas, que en vez de dar el ejemplo frente a las difíciles condiciones que enfrentaban, estaqueaban y castigaban a su tropa. Claro, nadie quiere ser el padre de la derrota. Nada más errado. El jefe de la oposición, el padre de la derrota, ha sido Héctor Magnetto. Este ha sido el hombre que le ha organizado su estrategia a la oposición, el que los convoca con extrema facilidad a su domicilio, al que todos obedecen dócilmente, so pena de ser castigados por el todopoderoso Héctor, y no salir más en Clarín. Si la oposición perdió en las elecciones, fue por un lado, por las falencias del partido Clarinista. Allí solo primó el discurso de la destrucción, y la falta de proyecto, porque un conductor enceguecido como Magnetto, solo busca la destrucción del enemigo, y piensa nada más que en su proyecto empresario. Jamás se le va a ocurrir pensar un proyecto de país. Ese proyecto de país es el que le falto a la oposición, para exhibir y debatir. O tal vez era mejor no mostrar lo que pensaban hacer, porque si la gente se enteraba, no los seguía. También le faltó coherencia. Dentro de la lógica empresaria, si yo tengo un supermercado, que tiene una determinada clientela con un determinado volumen de ventas, y compro otro supermercado, con determinada clientela y determinado volumen de ventas, si a los dos por separado les va bien, mantengo todo como está y voy a tener dos supermercados, con mayor volumen de ventas y mayor cantidad de clientes. Esta fue la lógica de De Narváez, al comprar al radicalismo de Ricardito Alfonsín. Pero la política no funciona así. Un elemento esencial dentro de la política, es que debe generar la credibilidad en quien elige, en el votante, en el seguidor. Y la incoherencia de esa unión, no convenció a nadie. Ni hablar de Eduardo El Breve (por lo petiso y por la duración de su mandato presidencial, acotado por las muertes de Kosteki y Santillán). Su discurso, aludiendo a banderas “subversivas”, en los festejos de Cristina, es apolillado, viejo. Me dijeron que de Duhalde dicen que es la pila más chiquita, porque es la Triple A. Y si bien Binner, no es el más criticable de todo el espectro, hay que mirar con atención su presencia en la inauguración de la planta de Artes Graficas del Litoral, del Grupo Clarín, y tener en cuenta a quien le dio el negocio de la impresión de las boletas en Santa Fe en las elecciones para gobernador (también a Clarín). Un capítulo aparte es Mauri Macri. Hace exactamente lo mismo que su mentor Carlos Saúl. Claudicó frente al huracán Cristina, a la que cobardemente eludió. Se fue a lo seguro, el gobierno de la Ciudad, y allí ganó. Pero, en la Nación, hizo algo peor que perder, que es huir. Macri no tuvo el valor de enfrentar a Cristina, y cayó antes que Duhalde, que Alfonsín, que Binner. En el caso de Macri, su derrota es peor que la de Duhalde, Alfonsín y Carrió, porque se dio por derrotado, cobardemente, antes de empezar a competir. Frente a estos personajes, estuvo la propuesta del proyecto nacional y popular, clara, precisa, explicita, abarcativa, llevada adelante por una mujer inteligente y firme como Cristina que el pueblo avaló en las urnas. Todavía, en todo el escrito, no hice mención a la política exterior de este gobierno, el que se ha transformado en protagonista de una Sudamérica que puede quedar para la historia. El pueblo dio su apoyo a una mujer que no duda en mostrarse como madre, madre coraje, abrazando a su hija en el momento de la victoria. Por eso, octubre se muestra como la posibilidad de profundizar las transformaciones, corregir los errores, y convertir a la Argentina en el país en que todos soñamos. El domingo a la noche, estuve hablando con un compañero, de la victoria. Con este mismo compañero hablé a los pocos días de la asunción de Carlos Saúl I, y le dije que no había ganado el peronismo, que había ganado un gobierno conservador. El me dice que ahora estábamos viviendo una revolución, a mi me salió decirle así de primera, que este gobierno era reformista, a lo que él me respondió que lo corría por izquierda, contestándole yo que no estaba mal por ahí fuera reformista. Al día siguiente, recapacité sobre la pregunta, y en principio, trataba de encajar a este gobierno en un rótulo: “reformista”, “revolucionario”, “progresista”... y luego llegué a la conclusión de que colocarle un rótulo, sería ponerle un límite a los sueños, utopías y esperanzas. Creo que no hay ciencia política o social que explique la felicidad del pueblo, y creo que hacia allá vamos. Consolidemos octubre.-

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