En Estados Unidos, el box profesional, más allá del espectáculo, del gran negocio económico y lo que tiene de deporte, fue presentado por los empresarios del sector como una lucha épica entre héroes, mitos, pero básicamente como una guerra entre razas.
Las cuestiones raciales que no pudieron ser resueltas ni con una guerra civil, fueron aprovechadas para la taquilla de las grandes peleas. En un principio la categoría pesada, la más popular, fue dominada por blancos. Jack Dempsey, Gene Tunney, y Jack Sharkey sobresalieron en las décadas del 20 y 30 del siglo pasado. Pero apareció Joe Louis y con él la raza negra comenzó a prevalecer. Salvo el reinado de Rocky Marciano por la década del 50, los negros dominaron claramente la categoría, dando campeones de la talla de Floyd Patterson, Cassius Clay, Sonny Liston y George Foreman.
Desde esa época los match-makers están esperando la esperanza blanca. Aquel boxeador que les permita volver a sus grandes negocios, aquel blanco que termine con la ignominia de los “de color”. Ese hombre que restablezca el orden.
Salvando las distancias del caso, el pasado domingo 10 de julio, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, poderosas corporaciones y una parte de la ciudadanía ha comenzado a construir su propia esperanza blanca. Eso es Mauricio Macri. Los golpes de estado cívico militares son parte del pasado de la región. Las conductas destituyentes del 2008 hoy naufragan en el olvido y Ricardo Alfonsín, Eduardo Duhalde y Elisa Carrio son expresiones minoritarias que no constituyen una opción real de poder.
Ante esta realidad, esta nueva Unión Democrática o Alianza Libertadora (1945/1955) necesita crear una opción de poder con miras al 2015 para reconstruir el país que ellos quieren:
- Caducidad de los juicios y penas a los genocidas.
- Independencia del Banco Central y evitar que las reservas sean usadas, como pasa actualmente.
- Derogación de la ley de medios audiovisuales.
- Eliminación de la Obra Pública ( viviendas, caminos, servicios sanitarios)
- Privatización del régimen jubilatorio para volver a las AFJP.
- Salir del actual bloque político-económico del Unasur.
- Renovar los pedidos de crédito al FMI endeudando nuevamente al país.
- Limitación presupuestaria de programas y subsidios (AUH, programa conectar, etc.)
- Achicar el gasto público en áreas como Educación y Ciencia y Tecnología. Eliminación de las retenciones agropecuarias.
Las consecuencias de estas medidas ya las conocemos. Ya las hemos padecido.
Ya tienen candidato. Ya han elegido. El nominado es Mauricio. La oligarquía lo siente como propio, como parte de si misma. La clase media porteña tácitamente lo ha aceptado sin importarle su pésima gestión; más allá que, con él los pobres serán eso, pobres; ya que sin la actual movilidad ascendente no acecharán su “status”. Los medios hegemónicos lo exponen o esconden de acuerdo a la conveniencia y el empresariado lo ve como la garantía de sepultar definitivamente las actuales aspiraciones obreras.
Desde hace ocho años los match-makers de la derecha están esperando la esperanza blanca. Aquel político que les permita volver a sus grandes negocios, aquel blanco que termine con la ignominia de los “cabecitas negras”. Ese hombre que restablezca su orden.
Claudio Fiqueprón.
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