POR ALBERTO LUQUEProf. de Historia
Retomando la teoría del desarrollo histórico como una espiral y no como una línea recta, buscábamos ejemplos en la historia argentina. Pero resulta inevitable, muy tentador, analizar lo que ocurre a nivel internacional.
Si viajamos varios siglos atrás, entre los años 300 y 500 después de Cristo, nos encontramos con ese largo proceso de desintegración del Imperio Romano. Este resultó ser un proceso muy lento para la concepción que tenemos actualmente del tiempo. En efecto, si consideramos como fecha final en la vida del Imperio a la caída de Roma el año 473 o si por el contrario tomamos como fecha definitiva la caída de Constantinopla (actual Estambul) en manos de los turcos tenemos una diferencia muy importante en el manejo de los tiempos.
Para no contradecir totalmente a la historia clásica, tomaremos la primera fecha. Entonces tendremos que la caída de Roma fue preparándose durante un largo proceso de casi doscientos años.
Para llegar a esa caída, se nos ha explicado que fue necesaria la conjunción de ciertos factores que podríamos enunciar de la manera que sigue:
· Enfrentamiento de los valores imperiales a una religión: el Cristianismo, portador de una escala de valores diferentes a los de la Roma Republicana o Imperial.
· Ausencia de los valores que habían llevado a Roma a su posición de primera potencia.
· Aumento de gastos para mantener la política imperial, pagando mercenarios que luchen en su nombre.
· Dificultades en la recaudación de impuestos que llevaría a una crisis económica sin antecedentes.
· Irrupción de los pueblos bárbaros que buscaban vivir dentro del Imperio para compartir las prodigalidades de éste.
Es casi una obviedad establecer un paralelismo con la crisis que atraviesa
actualmente el Imperio Norteamericano. Con poco esfuerzo podemos inferir las siguientes correspondencias:
actualmente el Imperio Norteamericano. Con poco esfuerzo podemos inferir las siguientes correspondencias:· Enfrentamiento de los valores imperiales a una religión: el Islam, portador de una escala de valores diferente a los de los Estados Unidos de Norteamérica.
· Crisis de los valores que hicieron poderosos a dichos estados, indiferencia cívica, fraude electoral en el país que se jacta de ser el defensor del “Mundo Libre”.
· Aumento de gastos para apoderarse de las reservas naturales de otros países, pagando mercenarios que mueren por Estados Unidos en Irak o Afganistán. Basta con repasar las listas de bajas y observar cuántos latinos han caído en nombre de la bandera de barras y estrellas.
· Crisis económica que genera inestabilidad en el resto del mundo debido a los créditos concedidos sin control y la caída en los valores de los bienes obtenidos con dichos créditos.
· Irrupción de balseros, o inmigrantes ilegales que pretenden vivir dentro del imperio y participar en un mejor estilo de vida, provocando la reacción, racista y discriminatoria de la potencia democrática.
Resulta sencillo establecer estas relaciones. Si lo hacemos nosotros, debemos suponer que en Estados Unidos hace rato lo han hecho, por lo tanto están actuando de la manera necesaria para retrasar todo lo posible la caída del Imperio. ¿Cuánto puede tardar este proceso? ¿Uno, diez, cincuenta años?
Resulta difícil establecerlo. Depende en gran medida de nosotros los latinoamericanos. Eso también lo conoce el imperio.
Por ello, nos encontramos con las intervenciones a veces solapadas y otras desvergonzadamente abiertas que utiliza en nuestra región del continente americano.
En efecto la incorporación de México como socio menor del grupo económico conocido como NAFTA, donde los mexicanos jugarían el papel de productores de materias primas y el de consumidores de productos industrializados en Estados Unidos, el intento por incorporar al resto de América Latina o Ibero América a ese otro grupo que por suerte no llegó a realizarse, el ALCA.
Tenemos la participación directa en el intento de golpe que se dio en la República Bolivariana de Venezuela, o el apoyo a los grupos disidentes de Bolivia.
Tal vez esas intervenciones nos parecen lejanas porque no fueron lanzadas directamente sobre Argentina, sin embargo deberíamos tomarlas como agresiones directas sobre nuestra Patria Grande Común: Ibero América.
En nuestro país no hubo una manifestación tan directa como la de un golpe de estado o el apoyo a sectores separatistas, sin embargo el caso de la valija con dinero que “podía haber sido” para la campaña electoral de Cristina Fernández y la llegada de ese caso a la justicia norteamericana, cuando nuestro país solicitó la extradición del sospechoso Antonini Wilson, ya que si hubo delito se cometió aquí y es la justicia argentina la que debería expedirse sobre el tema. Las denuncias sobre la fragilidad económica argentina, pocos días antes de producirse la caída de importantes bancos norteamericanos, el fomento de la rivalidad de Argentina y Uruguay por el tema de las papeleras.Podríamos citar muchos casos más donde vemos cómo el Imperio Norteamericano emplea el viejo dicho del Imperio Romano: Divide y reinarás.
La aparición, tras los reclamos justos de los pueblos originarios, de posibles conformaciones de nuevos estados nacionales en Sudamérica, que contribuirían a la balcanización de la zona. Generando “estados” más vulnerables y casi inviables económicamente, lo que provocaría una mayor dependencia política, económica y tal vez una intervención directa de Estados Unidos en esos nuevos países.
Cabe preguntarnos: ¿están mal los reclamos de los pueblos originarios? La respuesta es no. Sin embargo hay que mirar con cuidado para saber quién está detrás de ellos. La política debería ser de integración, igualar las posibilidades en cuanto a educación, asistencia sanitaria, creación de polos de desarrollo industrial que los incorpore como actores y no como espectadores.
Esto no es casual, el imperio se sabe en una situación crítica. Por ello emplea todas sus fuerzas en retrasar la caída.
Esa caída que llegará inevitablemente, porque todos los imperios en algún momento se debilitan y su lugar es ocupado por un nuevo actor.
Nuestra nación Latinoamérica debería entonces tomar decisiones cruciales para el tiempo por venir.
Podemos buscar alianzas con aquellos mercados que asoman como posibles sucesores de Estados Unidos, pero en ese caso estaríamos sencillamente cambiando el collar con que un nuevo amo nos manejaría.
Tal vez ha llegado el momento de iniciar el camino hacia la formación de una Confederación de Estados Sud Americanos Revolucionarios, que fuesen un nuevo polo de poder económico y de reparto equitativo de las riquezas de nuestra tierra, que al decir de Eduardo Galeano: “Podrían brindar lo que a casi todos se niega”
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