martes, 25 de mayo de 2010

BICENTENARIO


Por: 1e8b75f26b24e0eb1158050839849c29.jpgProf. Alberto Luque
Celebramos el Bicentenario. La Patria cumple doscientos años. Son algunas de las frases que se escuchan. Aparecen puristas que señalan que la Patria nace como tal el nueve de julio de mil ochocientos dieciséis. Puede ser cierto, sin embargo es innegable que en mil ochocientos diez tomar la determinación de separar al virrey de su cargo, constituía una muestra de autonomía y de rebeldía que ningún imperio es, aún hoy,  capaz de soportar.
Los festejos, las celebraciones pueden abrumarnos. Es inusual ver tantas banderas, escarapelas, tanto azul y blanco como solamente vemos en los mundiales de fútbol.
Si tomamos mayo de mil ochocientos diez como un momento fundacional de la argentinidad, debemos considerar que aún en ese momento había diferencias entre los protagonistas. El enfrentamiento entre Moreno y Saavedra parece ser el único que existió en aquellos tiempos. Sin embargo, no fue así y en el fondo se esconden otros que marcaron para siempre nuestra historia. Las disputas eran mucho más profundas que la simpatía que nos puedan despertar Moreno, Saavedra, Belgrano o Castelli.
Lo que se jugaba era el modelo de país. Lo que se siguió jugando en cada etapa histórica y lo que se juega aún hoy es sencilla y profundamente eso: el modelo de país.
Había quienes deseaban un país liberal en lo económico, dependiente de la potencia industrial de aquel momento, pero un país para pocos, para muy pocos. En su mayoría comerciantes y contrabandistas cuyos apellidos identifican hoy a muchas de nuestras calles.
Había quienes deseaban un país con desarrollo propio en lo industrial, con trabajo para todos, con desarrollo  del mercado interno y de las economías regionales,  integrado al resto de la América del Sur.
Y transitamos de esa manera nuestra historia, durante más de cuarenta años nos desangramos en luchas civiles entre federales y unitarios. Nos educamos creyendo que tanto odio era solamente por el tipo de gobierno que debía tener nuestro país. No. No era así. No es así. Lo que se discutía era el modelo de país, no la forma de gobierno.
Y durante años optamos por ser el granero del mundo, la granja de Europa. En las estadísticas figuran grandes ingresos de capital. Pero Las estadísticas no siempre reflejan la realidad. Unas pocas familias terratenientes veían engrosar sus fortunas que luego dilapidaban en viajes de lujo y en cabarets europeos, mientras las masas populares solamente participaban del festín poniendo su cuerpo al trabajo mal pagado y sin derechos sociales que los ampararan.
Recién a mediados del siglo XX se puso en tela de juicio el modelo de país elegido. Y la posibilidad de desarrollo industrial, de redistribución de la riqueza, la participación de los trabajadores en la vida política del país, el enunciar claramente los derechos para la vejez y la infancia, comenzaron a ser temas de discusión. Y nos dicen que entonces el país se dividió.
Es mentira, el país ya estaba dividido antes, desde el inicio. Lo que sucedía era que los que nunca habían podido expresarse, tenían ahora la posibilidad de hacerlo. Y esto molestaba profundamente a aquellos que habían detentado el poder desde siempre.
Y para volver a poner las cosas en su lugar, contaron con cómplices dentro de nuestro propio país, argentinos que por error, o por convicción, traicionaron una y otra vez a otros argentinos. Es decir, seguíamos peleando por el modelo de país.
Y se sucedieron democracias débiles y gobiernos dictatoriales guardianes del orden liberal económico. Y hubo traiciones de caudillos populares que vendieron su alma al interés extranjero poniendo casi de manera definitiva nuestras aspiraciones de autonomía en el pozo más profundo de la vergüenza y la desesperanza.
Y llegamos al bicentenario.
Estamos discutiendo, aún, el modelo de país.
Por un lado nos plantean la conveniencia de volver al liberalismo económico que ya demostró lo que es, dejando tendales de desocupados, marginados y unos pocos enriquecidos y aceptados en los círculos tradicionales de terratenientes a cambio de la traición al pueblo.
Por el otro lado, un modelo aún incompleto, con fallas, pero que aspira a una América del Sur unida, integrada, con trabajo y educación para la mayoría de la población.
No es una pelea entre Moreno y Saavedra, no es un enojo de Cristina y Macri, es elegir el modelo de país que queremos para nuestros nietos.
Es algo mucho más profundo. Estamos de pie ante nuestro destino. No son muchas las opciones.
¡Feliz cumpleaños Patria!


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