Hacia fines de la década del ochenta, como tantas otras cosas en el país, los partidos políticos comenzaron un progresivo proceso de deterioro. Al vaciamiento ideológico, le siguió la desmovilización y con ella llegó la irrepresentatividad. Político, no se era de vocación, sino de profesión.
De un discurso progresista se podía pasar a otro reaccionario sin ponerse colorado y la traición al mandato popular de las urnas era moneda corriente.
Las políticas neoliberales globalizantes y otros alineamientos internacionales comenzaron a ganar posiciones en los partidos políticos mayoritarios haciendo añicos a las doctrinas y a las tradiciones.
En la gran crisis del 2001 los partidos políticos estuvieron ausentes, y el pueblo en la calle se movilizó espontáneamente o a partir de organizaciones sociales o barriales.
Como prueba de la desideologización y de la irrepresentatividad, tanto el peronismo como el radicalismo presentaron tres candidatos presidenciales en las elecciones del 2003, coexistiendo bajo el mismo escudo proyectos diametralmente opuestos en temas tales como economía y derechos humanos.
La movilización había sido reemplazada por “el aparato” y el debate de ideas se reemplazó por el reparto de billetes. No conducía el más capaz, sino el que más dinero tenia para repartir.
El pasado 30 de noviembre, teníamos la posibilidad de comenzar con una lenta pero necesaria reconstrucción del PJ, dejando atrás, viejas y denostadas prácticas políticas. Por el contrario, se profundizó todo lo malo y repudiado de la “folclórica interna peronista”
Volvieron las tarjetitas; los códigos de barras; las bolsas de comida; la violencia; la intimidación; el pago en efectivo del voto; centenares de autos circulando a la caza de votantes y no faltó el “dirigente” que dos días antes de la elección se cambió de lista y otro que entregó el colegio que supuestamente fiscalizaba.
Los casi tres millones de pesos gastados entre las dos listas son una afrenta a la pobreza y a la historia misma del peronismo.
Y como debía ser, más del 75 % de los peronistas afiliados le dieron la espalda a esta interna. Triste futuro nos espera si pensamos en la población de Gral. San Martín para las próximas elecciones del 2009 y del 2011.
Perdimos, los que queríamos empezar a cambiar las cosas.
Perdimos, los que queríamos ver una renovación de la dirigencia.
Perdimos, los que queríamos dejar atrás las aberrantes prácticas del folclore de la interna justicialista.
Perdieron los trabajadores y los humildes que siguen buscando quien los defienda.
Pero aquí en San Martín, hubo algunos, que ganaron. La aristócrata familia gobernante sonríe cómplice y feliz
Hola
ResponderEliminarMuy bueno el blog.
Buen analisis de la interna Justicialista en San Martín
Felicitaciones!
Un abrazo,
Alejandro