martes, 11 de noviembre de 2008

IGUAL QUE EN LA VIDRIERA IRRESPETUOSA DE LOS CAMBALACHES…

Por Nora A. Torreira
2. Los ricos, los pobres la fragmentación y el mercado
En la parte anterior se planteó que la pobreza en tanto que expresión de las desigualdades sociales y del sufrimiento humano no pertenecía a la larga lista de fatalidades o designios de Dios sino que es un mal histórico y "si el mal es histórico el hombre tiene que responder por él. La pobreza es una injusticia, un producto o resultado histórico generado en ciertas sociedades por la apropiación privada, particular, de bienes comunes, colectivos.
Por ello no  es posible resignarse ante la brutalidad del hecho por el cual unos pocos se apoderan de lo que es de muchos. Como en la sociedad capitalista la desigualdad es parte estructural de él, está claro que sólo voluntad, decisión y acción políticas pueden modificar tamaña injusticia.

En las últimas décadas, los pobres y la desigualdad económica y social no han dejado de aumentar en el mundo, incluso, y de modo muy marcado, en países desarrollados como Estados Unidos y Gran Bretaña, donde se ha retrocedido a niveles de los duros años 1930.
En América Latina, según datos de la CEPAL y el PNUD, los pobres eran, en 1970, el 40 por ciento de sus habitantes, mientras en 1990 ascendían a 46 % o, para decirlo, menos elípticamente, 196 millones de personas, cifra que en 1996 subió a 210 millones. Dentro de la región se destacan notablemente Brasil, Colombia y México.
f0580a2db9bb6d4c92d15438ff786252.jpgEn Argentina, el 10 % más rico se apropiaba, en 1980, del 29.8 % de la riqueza; en 1986, del 34,5 %. En 1995, ese mismo sector se hizo del 37,3 % de los ingresos nacionales, en contraposición con el 8,4 % que percibió el 30 % más pobre. A lo largo de las dos décadas que van de 1974 a 1995, aumentaron la riqueza de los más ricos y la pobreza de los pobres, al tiempo que, toda una novedad en la historia de la sociedad argentina, se produjo un sustantivo deterioro de la clase media. En efecto, en 1974, los sectores pobres y medio–bajos se llevaban un tercio de la riqueza (11.2 + 22.4 = 33.6 %). Dos décadas después, en 1995, su participación se ha reducido a un cuarto de ésta (8.4 + 18.5 = 25.9 %). En contrapartida, la apropiación hecha por los sectores de ingresos medio–altos y por los ricos pasó de dos tercios a tres cuartos, de los cuales el 10 % más rico ha incrementado su apropiación en un tercio, pasando de 28.2 a 37.3 % del total de los ingresos.
 Ahora bien, dentro de este privilegiado 10 % ha habido, a su vez, una verdadera concentración dentro de la concentración: el uno por ciento, la llamada "clase alta" –esto es, para decirlo sin eufemismo, la gran burguesía captura hoy no menos del 20 % del ingreso nacional.
Dicho en pocas palabras: en el mundo y en la Argentina de estos ultimos tiempos, hay más pobreza, exclusión y desigualdad que nunca. Es decir: hay más pobres y cada vez son más.
Empero, el peso cuantitativo de los pobres, que podría ser su fuerza, es su debilidad: la fragmentación, la atomización, la ausencia de acción colectiva (o bien reducida, en el mejor de los casos, a las formas elementales de disturbio, agitación o malestar social) suelen ser conexas de la pobreza extendida. Significativamente, ésta no suele producir ya revoluciones sino siquiera movimientos sociales, entendiendo éstos como "colectivos sociales vagamente organizados que actúan de forma conjunta y de manera no institucionalizada con el fin de producir cambios en su sociedad".
La cuestión es obviamente compleja, pues, en el fondo, se trata de explicar e interpretar ¿por qué los pobres no se rebelan? Más aún: la formulación puede ser ¿por qué preferimos servir a cualquier poder (amo, tirano, partido, Estado, etc.) a ser responsablemente libres?  como lo sugirió Étienne de La Boétie , en 1548, al hablar sobre las razones por las cuales hombres y mujeres aceptan ser objeto de dominación y optan por la servidumbre, como si ésta fuese su salvación.
La pregunta correcta no es ¿qué hacer con los pobres?, sino ¿cómo extirpar la pobreza? Los neoconservadores atacaron al Estado de Bienestar Social argumentando que las políticas sociales no hicieron otra cosa que generar una actitud pasiva por parte de sus beneficiarios, quienes habrían resignado todos y cualesquier acción superadora en favor de la comodidad de vivir sin esfuerzo. No es del caso discutir aquí la falacia de tal argumentación. Sí, en cambio, de plantearse formas posibles de acción colectiva que avancen en la dirección de una sociedad más justa.
Según John Galbraith debemos comenzar por conocer las carencias de una sociedad, de hombres y mujeres que viven en ella, y avanzar en la dirección de su solución. Su propuesta apunta a una sociedad factible, no a una perfecta (utópica). Al enfatizar la idea de factibilidad, Galbraith pone la cuestión en estos términos: hay o no hay "actitud política que apoya y sostiene las condiciones que precisan ser corregidas. Cuando se dice que alguna medida tal vez fuese buena pero es políticamente impracticable, debe entenderse que este es el planteamiento más habitual para proteger intereses antisociales"
En el sistema económico y político contemporáneo, continúa, la división entre, por un lado,"los ricos, los cómodamente asentados y los que aspiran a lo mismo, y por otra los económicamente menos afortunados y los pobres junto con el importante número de los que, por inquietud social o por benevolencia, pretenden hablar a favor de éstos o de un mundo más compasivo Hay democracia, pero en no pequeña medida es la democracia de los afortunados". Ambos grupos, colisionan en un tema central: "Para los pobres el Estado puede ser capital para su bienestar y, para algunos de ellos, incluso para su supervivencia. Para los ricos y acomodados constituye una carga, excepto cuando, como en el caso de los gastos militares, la seguridad social y el rescate de las instituciones financieras en quiebra, sirve a sus intereses particulares. Entonces deja de ser una carga y se convierte en una necesidad social, en un bien social, con la misma certeza con que no lo es cuando el Estado sirve a los pobres".
Así la respuesta oficial en un largo periodo de la  Argentina fue privilegiar las acciones represivas. A veces de un modo expreso, real, contundente –como en el caso del empleo de efectivos de la Gendarmería Nacional en la represión de las protestas de desocupados en provincias de frontera, otras, lanzando globos de ensayo sobre proyectos de intervención de las fuerzas armadas en el control de potenciales estallidos sociales, como el proyecto del ministerio de Defensa argentino de crear un "Sistema de seguridad común para el Mercosur", dentro del cual –retornando a la doctrina de la seguridad nacional y del enemigo interno, que sirvió de sustento ideológico a todas las dictaduras institucionales de las fuerzas armadas durante las décadas de 1960, 1970 y 1980– los militares deberían vigilar "procesos de desestabilización social, cultural o política", factibles por los siguientes motivos: "indigenismo, factor campesino, subversión, terrorismo, narcotráfico, etc. El proyecto fue denunciado por el diario Clarín en su edición del 28 de julio de 1997 ("Proponen que los militares controlen estallidos sociales"), p. 2. La inmediata reacción de los medios y de la oposición política llevó al ministro Jorge Domínguez a calificar al documento como un mero "trabajo intelectual" y a dar marcha atrás (al menos aparente).
No hay, en contrapartida, ninguna acción concreta que muestre a los ricos genuinamente interesados en paliar –ya no corregir ni, mucho menos, eliminar la pobreza. Su absoluto desinterés por la vida de millones de hombres, mujeres, niños y ancianos que mal viven en y por la pobreza es, en verdad, desprecio y egoísmo sin parangón. Los ricos de hoy son, materialmente, más ricos de lo que jamás fueron los ricos del mundo; en contrapartida, y en relación a los que nada tienen, son más miserables y egoístas que todos sus antecesores. Siendo el problema  no sólo el hecho que  tienen demasiado dinero, "sino que éste los aísla de la vida corriente  La aparición de los barrios privados es un claro ejemplo que ratifica, en nueva clave, una vieja proposición sociológica –desarrollada en su momento por Maurice Halbwachs–, según la cual las clases sociales tienden a separarse espacialmente. Está claro que esta fragmentación socioespacial, hoy exacerbada, fractura el tejido social y puede poner a su dialéctica en una tensión sin mediaciones.
Las sociedades dominadas por el salvajismo de una economía de mercado que tiene a la "mano invisible" como una mano boba incontrolable están privatizando todo: desde las empresas y los lugares públicos hasta el lenguaje (cada vez más de clase). Hay escuelas privadas, barrios privados, clubes privados, ámbitos de distracción, diversión y/u ocio privados, compras privadas (telemarketing), transacciones bancarias y comerciales privadas (computadoras y modems mediante)..., todos religiosamente pagos. Ahora bien: "Cuando el mercado invade todo el espacio público y la sociabilidad tiene que «retirarse» a los clubes privados, la gente corre el peligro [advierte Crhistopher Lasch] de perder la capacidad de divertirse e incluso la de llevar las riendas de su propia vida. En ese contexto, entonces, empecemos por recuperar –y exijamos a las autoridades darnos respuestas positivas– plazas, parques, paseos y otros espacios públicos, en primer lugar los abandonados (si es que el costo de recuperar los ya concesionados es difícil de afrontar). Pero también recuperemos –como lugares de encuentro, no de tránsito autista– los bares, las confiterías, los teatros y cines, los clubes deportivos y los centros culturales barriales, las asociaciones vecinales, los medios de transporte colectivo... Y ganemos para "la conversación y la vida cívica" los nuevos lugares, como los shoppings. Hagamos de cada lugar de nuestros pueblos y ciudades un ágora para construir una ciudadanía democrática. Descubramos o inventemos un mundo más allá del mercado.
Reyes Mate. "Sobre el origen de la igualdad y la responsabilidad que de ello se deriva", incluido en Manuel–Reyes Mate (ed.), Pensar la igualdad y la diferencia. Una reflexión filosófica, Fundación Argentaria–Visor Distribuciones, Madrid, 1995.
Piotr Sztompka, Sociología del cambio social, Alianza Editorial, Madrid, 1995, p. 305.
La Boétie , –“ Le doscours de la servitude volontaire” en español, en edición de Tusquets, Barcelona, 1980.
John Kenneth Galbraith, Una sociedad mejor, Crítica, Barcelona, 1996
Lasch, La rebelión de las élites, op. cit.,
Waldo Ansaldi, "Disculpe el señor, se nos llenó de pobres el recibidor", en http://www.catedras.fsoc.uba.ar/udishal; publicado originariamente en Estudios Sociales, N° 14, Santa Fe (Argentina), Primer Semestre 1998,

No hay comentarios:

Publicar un comentario