viernes, 3 de octubre de 2008

LA HISTORIA ES UNA LINEA RECTA...?


POR ALBERTO LUQUE



Que la historia no se repite es algo que escuchamos desde siempre. Esta afirmación resulta lógica si tenemos en cuenta que los protagonistas y las circunstancias nunca son dos veces las mismas
. 
Sin embargo podemos afirmar que ciertas circunstancias tienen analogías con otras que sucedieron con anterioridad, y que muchos de los protagonistas de la historia se encuentran en situaciones que si bien no son idénticas a las de sus predecesores pueden guardar similitudes.
Tradicionalmente se nos enseñó a graficar y comprender la historia como una línea recta en la que señalamos de izquierda a derecha la sucesión de hechos y fechas ordenados de manera cronológica. 
Tradicionalmente se nos enseñó a graficar y comprender la historia como una línea recta en la que señalamos de izquierda a derecha la sucesión de hechos y fechas ordenados de manera  cronológica.
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 3000AC     2000AC  1000AC    N.C.    1000DC   2000DC

Cuando se hace este tipo de representación, los hechos se ven como eslabones de una cadena, se suceden unos a otros y están relacionados solamente con los acontecimientos inmediatamente anteriores o posteriores al mismo. Pero casi no guardan relación con aquellos que pudieron vivirse en años más lejanos. Normalmente nos referimos a esos hechos diciendo: “Es otra historia” o “eran otros tiempos”
Para los que creemos que hablar de historia es hablar de política, o mejor dicho hacer historia es participar en la política, la representación clásica debería revisarse.
Una de las posibilidades que nos animamos a proponer es la siguiente:


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Representamos a la historia como una línea espiralada. Los hechos más lejanos en el tiempo sucedieron en la parte exterior del espiral. Los más cercanos en la parte central.  El espiral está cruzado por dos ejes que ayudan a separar a la historia en etapas.  Cada segmento del espiral que se acerca al centro es menor que el que le precede. Esto es así porque los cambios tecnológicos y económicos hacen que los tiempos sean cada vez menores.
Si tomamos la visión de la historia desde un abordaje economicista, podríamos dividirla como una sucesión de períodos de expansión y contracción económica que se suceden unos a otros, siendo los de expansión, menores en cuanto a su duración en el tiempo con respecto a los de contracción o recesión.
Si comparamos las dos maneras de representar la historia, encontramos que en la representación clásica el futuro es incierto y podría ponerse al final de la línea un signo de interrogación, que podría ser de incertidumbre o de esperanza frente al futuro.
Si analizamos el segundo modelo, sabemos qué nos depara el futuro, nuevos períodos de expansión y contracción económica que durarán cada vez menos. Esto quiere decir que las crisis se sucederán con mayor rapidez.
Si entendemos esto sabremos que el éxito político será para aquel que anticipe y se prepare para enfrentar cada crisis. En esto juega un papel de primer orden el desarrollo tecnológico y el manejo del conocimiento. Este último se encuentra íntimamente ligado al control de la información y por ende a la formación de la opinión pública

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