Era una de esas típicas noches de una película de terror.

Una tormenta eléctrica castigaba al coqueto barrio de San Andrés. Allí, un histórico y también histérico dirigente del peronismo local utilizaba casi frenéticamente el modelo mas avanzado del peronómetro computarizado. Agregaba variables, tratando de que la máquina diga por fin que él era el más peronista de San Martín.
Que el verdadero peronismo era aquel, de fines del 80 y década del 90, y no éste, comandado según el, por un grupo de vengativos setentistas.
Que su actual jefe, otrora rival bonaerense, encarna la esencia del justicialismo.
En el momento que varios archivos estaban abiertos, un rayo deja sin luz al barrio, después de sobrecargar de electricidad los artefactos hogareños.
Restablecida la normalidad, el milagro se había producido, el peronómetro se había fundido a la computadora y había tomado el control de la misma, como teniendo vida propia.
Con la simpleza y objetividad que una maquina nos puede dar, comenzó a leer por iniciativa propia, los distintos archivos que hacían a la historia del peronismo llegando al 17 de octubre de 1950 cuando el General Juan Domingo Perón enuncio las recordadas 20 verdades
Analizó aquella que decía: “Para un Peronista de bien, no puede haber nada mejor que otro Peronista” y no pudo comprender como en la década del setenta, peronistas en nombre de la revolución mataban a otros peronistas y como otros en nombre de la lealtad hacían lo mismo.
Observando otra que decía: “La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: EL PUEBLO” no pudo explicarse aquella famosa frase que nos dijeron “Si les decía lo que iba a hacer no me votaban” y en el mismo sentido comparó la verdad peronista que dice “No existe para el Peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan” con la otra no menos famosa frase “la plata no se hace trabajando”-
El pobre peronómetro quedó tildado cuando contrastó la época de las relaciones carnales, Fondo Monetario Internacional, desocupación y pobreza con aquella verdad que nos decía: “Queremos una Argentina socialmente justa, económicamente libre, y políticamente soberana”
Seguramente el desencanto será mutuo. Este dirigente dejará de usar el peronómetro ya que con él, no podrá justificar que en nombre del peronismo se le haya hecho tanto daño a la Patria; y el peronómetro que no sabe de recuerdos, mística y sentimientos no terminará de entender cual es el sentido de su existencia.
Continuará…
Claudio Fiqueprón
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