Por Nora A. Torreira

Cuando en nombre de la libertad se cercena la igualdad y no se reconoce la diferencia, o bien, por el contrario, cuando en nombre de la igualdad se mutila la libertad y se niega el derecho a la diferencia, para concluir en la uniformidad, buscar una opción que - como nueva utopia realizable - sintetice los tres valores y los afirme en un marco de justicia, es una tarea que se convierte en un punto de la agenda de quienes queremos un mundo mejor
La cuestión social pasa a ser, entonces, una cuestión política. El mundo de hoy, se nos presenta dominado por el aparente triunfo arrollador del capitalismo y su expresión ideológica, el liberalismo, con la profundización del proceso de globalización iniciado a fines del siglo XV que conlleva riesgos ciertos de uniformidad en todos los planos –incluyendo el de la cultura, que es en el cual se expresan las identidades–, y la creciente macdonaldización de las sociedades, con su secuela de mecanismos de control individual y colectivo fundados en sistemas racionalizados, es también un mundo caracterizado por un brutal incremento de la desigualdad –económica, social, política, cultural, probablemente sin parangón en la historia de la humanidad,
Si, según la célebre definición dada por la Suprema Corte norteamericana, la ciudadanía es el derecho a tener derechos, debemos destacar que la cuestión tiene una dimensión que abarca diferentes planos de la reflexión y de la acción política. Ello es mucho más claro apenas se advierte que las políticas liberales no sólo han destruido o están destruyendo, en proporciones diferentes (según los casos), la ciudadanía social, sino que también están cercenando la ciudadanía política, al reducir la condición de ciudadano a la de mero votante, y la ciudadanía civil, piedra angular del liberalismo, amputada por la generalización mundial del desempleo y, por extensión, de los marginados del mercado, es decir, por el cercenamiento del derecho al trabajo,
Reducir el análisis de la pobreza al nivel de los ingresos –la llamada línea de pobreza– implica dejar de lado un aspecto muy importante: las limitaciones que la pobreza produce en la vida de los hombres, mujeres y niños que la padecen. El análisis de la pobreza deberá hacerse entonces, "en términos del fracaso de capacidades, y no en términos del fracaso para satisfacer las «necesidades básicas» de determinados bienes de consumo"
Ser pobre en una sociedad rica - como es el caso de la Argentina actual– es vivir con reducción de capacidades, carecer de bienestar, es decir, vivir mal
Históricamente, para el pensamiento liberal la desigualdad y la pobreza son naturales, no históricas o sociales. Se trata de un discurso del poder que construye una mirada negativa (descalificadora) de los pobres. Que los habrá, presupone que los hay y que los hubo. Así, la pobreza se "naturaliza" y adquiere una temporalidad eterna. Simultáneamente, esa "naturalización" tiende a hacer de la pobreza una fatalidad con la cual se convive. Pero no es cierto: pobres no hubo siempre si bien aparecieron en la historia de la humanidad hace ya largo tiempo, pobres/pobreza es un binomio construido históricamente y no siempre quiere decir lo mismo en diferentes sociedades y tiempos. Los pobres comienzan a ser cuestión social (como se dirá a partir de los años 1830) –u objeto de una "nueva política social” en los comienzos del capitalismo. Karl Polany lo señala explícitamente: "Los pobres aparecieron por primera vez en Inglaterra durante la primera mitad del siglo XVI; luego se volvieron conspicuos como individuos que no estaban ligados al feudo, «o a ningún superior feudal», y su transformación gradual en una clase de trabajadores libres fue el resultado combinado de la feroz persecución de la vagancia y la promoción de la industria nacional, poderosamente ayudada por una expansión continua del comercio exterior. (...) Cuando se advirtió la importancia de la pobreza, el escenario estaba listo para el siglo XIX. La división ocurrió alrededor de 1780 "provocado por la liberalización salvaje del mercado de trabajo", Pero si en los comienzos del capitalismo los pobres eran necesarios e imprescindibles, en su apoteosis son innecesarios y prescindibles. Si en el pasado podían, eventualmente, formar parte del ejército industrial de reserva, hoy sólo constituyen la infraclase
Esta es también la posición de Robert Castel, cuando analiza: "Siempre hubo una pobreza integrada. Pero los pobres no estaban excluidos, formaban parte de la organización social. Y puede decirse que había ricos y pobres como dos maneras de contribuir a un equilibrio social. Era incluso la visión religiosa de lo que es una sociedad. Creo que la oposición integración–exclusión es más grave en la medida en que niega una participación real en la sociedad a una parte cada vez mayor de gente. Y esto es consecuencia directa de cierta modalidad de funcionamiento económico".
Técnica o estadísticamente, la pobreza se define o mide mediante un método que fija convencionalmente un nivel de ingresos, denominado línea de pobreza. Aquellos cuyos ingresos están por debajo de esa línea son considerados pobres. El porcentaje de población de una sociedad que es pobre, respecto del total de ella, constituye el índice de pobreza. Esta metodología es empleada universalmente y su aplicación se observa en innumerables textos que cuantifican la pobreza y los pobres.
El estudio de la pobreza puede plantearse desde dos perspectivas: descriptiva, una, política, la otra. La primera identifica la pobreza en el reconocimiento de la privación. La segunda, como objeto de acción pública o, si se prefiere, de qué hacer para combatirla y disminuirla o erradicarla. Ambas perspectivas son complementarias, siendo la primera el diagnostico.
Analizar la pobreza en términos de fracaso de las necesidades básicas para acceder a ciertos niveles mínimamente aceptables, implica considerar tanto requerimientos "físicamente elementales", –estar bien alimentado y vestido, protegido adecuadamente, sano (es decir, libre de enfermedades que pueden prevenirse), etc.–, como "logros sociales más complejos, tales como participar en la vida en comunidad, poder aparecer en público sin avergonzarse, etc
En tal perspectiva, el concepto insuficiencia de ingresos es mucho más abarcativo y profundo que el más usual de bajos ingresos, pues considera a la pobreza como un fracaso originado en la tenencia de "capacidades claramente inadecuadas", más allá de que ella sea, entre otras cosas, "una cuestión de insuficiencia de los medios económicos para evitar el fracaso de las capacidades". No se debe identificar la pobreza solo como mera reducción de ingresos, sin relacionarla con la conexión entre ingresos y capacidades
La pobreza en un país rico (y Argentina lo es) es más grave que en los países pobres. Allí aparece más manifiesta la afirmación "La privación relativa en el ámbito de los ingresos puede producir una privación total en el ámbito de las capacidades". La pobreza es tanto desigualdad económica, como desigualdad social y cultural. Para el capitalismo la desigualdad es una fatalidad, cuando no un castigo, algo natural o una decisión divina; para el campo nacional y popular es una injusticia, un producto o resultado histórico generado por la apropiación privada, particular, de bienes comunes, colectivos. Por otra parte, la fatalidad conlleva la resignación, la impotencia; la injusticia, en cambio, la potencialidad de la protesta
La pobreza es una expresión de las desigualdades sociales. También, del sufrimiento humano que causa discriminación, desigualdad y conciencia de injusticia". No es cuestión de un individuo (o de varios o muchos de ellos) aislado(s): su situación es siempre el resultado de una relación con otro(s), es decir, una relación social.
Por consiguiente, las acciones o las respuestas superadoras de la situación de pobreza sólo pueden ser políticas, es decir, sociales
¿Fatalidad? ¿Designio de Dios? ¿Trabajo y esfuerzo de unos y vagancia de otros? Solo se puede decir que es injusto e inmoral, y que no es posible resignarse ante la brutalidad del hecho por el cual unos pocos se apoderan de lo que es de muchos. Como en la sociedad actual la desigualdad es una parte estructural, Está claro que sólo voluntad, decisión y acción políticas pueden modificar tamaña injusticiaKarl Polany, La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo, Fondo de Cultura Económica, México DF, 1992, págs. 112 y 118. Polany señala, asimismo, que "la clase trabajadora y la economía de mercado aparecieron juntas en la historia" (p. 108).
Robert Castel,. Las metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado, Paidós, Barcelona–Buenos Aires–México, 1997; pp. 46–47 y 78Waldo Ansaldi, "Disculpe el señor, se nos llenó de pobres el recibidor", en http://www.catedras.fsoc.uba.ar/udishal ; publicado originariamente en Estudios Sociales, n° 14, Santa Fe (Argentina), Primer Semestre 1998,
MUY BUENA NOTA FELICITACIONES COMPAÑEROS. MUY BUENO EL BLOG . SE NECESITA DE MAS ESPACIOS COMO ESTE PARA CONTRARRESTAR LA OFENSIVA DE LOS "MEDIOS" QUE TANTO DAÑO ESTA HACIENDO AL PAIS. UN SALUDO PERONISTA Y MUCHA SUERTE!!
ResponderEliminarCOMPAÑEROS...LOS FELICITO...SIGAN ADELANTE
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